5. El dinero


En relación con la acción “7000 robles”, Beuys comenta:
“No siembro árboles porque sean bonitos, siembro árboles porque los árboles y la naturaleza son más inteligentes que la gente. Saben que han perdido su derecho. Los animales y los árboles, todo ha perdido su derecho. Quiero hacer que estos árboles y estos animales adquieran capacidad jurídica. Erigir la inteligencia a través de esto es tarea del ser humano…”

La ausencia de la dimensión “espiritual” en los sujetos es lo que ha provocado la crisis del medio ambiente

Beuys apunta hacia la dimensión espiritual de “7000 Robles” en el sentido del sacramento cristiano, es decir, como una acción que sella un pacto de fe con la vida, con un dios. Considera que una visión materialista, centrada, por ejemplo, en servirse de manera indiscriminada de los recursos naturales, no aporta nada a la reflexión sobre el medio ambiente. Y es precisamente la ausencia de la dimensión espiritual lo que puede provocar una catástrofe.
No podemos entender la crisis de la ecología como una crisis del medio ambiente, del mundo de los objetos, pues ésta es, al mismo tiempo, una crisis del sujeto. Somos nosotros, los humanos, quienes hemos usado indiscriminadamente los recursos naturales.

En la diferenciación del sujeto y su entorno es en donde radica la libertad

La diferenciación del sujeto y el entorno, pensada desde la modernidad, fue importante, de entrada, para poder imaginar el concepto de libertad del sujeto.
Si imaginamos una unidad –el Uno en el sentido que le otorga Plotino–, no podemos imaginar la libertad porque el acto mismo de imaginar presupone dos instancias. El humano es el único de los seres naturales que tiene la capacidad de salirse de su estado de unicidad con la naturaleza, y es entonces cuando aparece la libertad: cuando el sujeto ya no es lo mismo que el Uno, cuando se articula una contraposición mediante un proceso de liberación. El estado máximo de libertad (el de la hermandad) se alcanza mediante un proceso.
Este tránsito de ser Uno a ser dos es uno de los grandes misterios irresolubles de la razón. Y es en ese ámbito de misterio donde radica la libertad.

El proceso personal de liberación

Las tres condiciones del sujeto

Estamos conformados por tres condiciones: la condición natural (la relación con el mundo animal, en cuanto al funcionamiento fisiológico), la condición de la libertad y la condición social, que opera tanto en el plano de lo animal como en el de la libertad.

Natural vs social

La liberación de la condición de lo natural, tiene como resultado la condición de lo social, que contiene vestigios tanto de lo natural (cuerpo) como de la libertad (posibilidad de la igualdad). El proceso de liberación de lo social da como resultado la igualdad. El estado y la institución no son estructuras de la naturaleza, pero operan limitando la libertad del sujeto.

La igualdad en los ejercicios personal, legal y social

La igualdad es un valor que opera en lo social a través de la ley. Sin embargo, sin la convicción de que la igualdad (entender a todos por igual y llevarlo a la praxis) es necesaria para poder trabajar en equipo sobre los acuerdos sociales, resulta imposible modificar lo público. El resultado de la liberación de la igualdad es la hermandad (el amor).

El desplazamiento de una condición a otra como proceso de liberación

Es importante recalcar que el desplazamiento de una condición a otra (de la condición natural a la social, de la social a la igualdad, así como de la igualdad a la hermandad) es siempre un proceso de liberación. Un proceso cuyo pivote es la condición de libertad. De modo que al alcanzar la condición de la igualdad, se modifica radicalmente la condición social. La condición de la hermandad y el amor, que pertenece a este espacio y es lo que más se aleja de las reglas de supervivencia de la naturaleza, modifica, asimismo, la condición natural.

El proceso de liberación de la democracia capitalista

La igualdad como condición y vía para modificar la democracia
Dentro de la democracia que conocemos, no podemos hablar de igualdad, pues en la definición de la sociedad no todos participamos por igual. La forma de cambiar la democracia es liberando la condición de lo social hacia la igualdad en todos sus aspectos; por ejemplo, haciendo realidad el concepto de “democracia directa”. El ejercicio de la “democracia directa” se lleva a cabo mediante plebiscitos y consultas ciudadanas en las cuestiones de interés público.

La liberación de la economía

En la realidad que vivimos no hay democracia. Esto se debe a la preservación de viejas formas, a la delegación de nuestra voz en los políticos, a la corrupción, a la desigualdad en lo legal, al sistema económico. ¿Quién podría arrogarse la autoridad, el saber, hoy por hoy, de cómo liberarse de la dominancia del dinero, de la complicidad del estado y el capital? Esa es la liberación más difícil y compleja que tenemos pendiente: la liberación de la economía.

El capitalismo refrendado históricamente por la teología cristiana

El concepto de maximización de las ganancias individuales se basa en el desarrollo del egoísmo; “satisfacerlo” ilimitadamente es el objetivo primordial del capitalismo: cada quien lucha por sí mismo para satisfacer sus necesidades de consumo. Siendo esto así, ¿cómo imaginar, entonces, las relaciones humanas dentro de la sociedad?
La idea del capitalismo sería impensable sin el respaldo teológico del cristianismo y la figura de Dios. Adam Smith, economista y filósofo escocés del siglo XVIII, propone la lucha individual por la supervivencia, y le otorga a Dios la función de lograr unidad social en la pelea de los egos (“the invisible hand”).

El egoísmo y la creatividad como aportes del capitalismo

Podemos criticar el capitalismo, pero es un hecho que en la lucha entre sistemas económicos, éste acabó por dominar frente al marxismo. No podemos negar que hay dos cosas del capitalismo que funcionan bien: la primera es la movilización de creatividad y la segunda, el egoísmo. Sin egoísmo no habría vida. No se trata aquí del egoísmo en un sentido moral, sino de su función básica en relación con la supervivencia.
“Los buenos”, los que critican el egoísmo, no están siendo realistas consigo mismos porque no están reconociendo que sin egoísmo no existiríamos.
El capitalismo tiene como aspecto favorable el ser realista: si yo no me ocupo de mí mismo (egoísmo) no sobrevivo; solo egoístamente puedo hacerlo. Si yo no me amo a mí mismo, no puedo amar a otro. No es ni el estado ni la iglesia ni la familia lo que me permite sobrevivir, sino las acciones diarias que llevo a cabo conmigo mismo para lograrlo.

El egoísmo y la condición de la libertad

El egoísmo forma parte de la condición de libertad, del estar escindidos de un todo. Sin embargo, actualmente nos preguntamos si el egoísmo puede ser un objetivo en sí mismo.
Si bien el egoísmo es un impulso de liberación, no es el último paso para alcanzarla. Es cierto que el egoísmo como impulso de sobrevivencia es insustituible; no obstante, el egoísmo que en el capitalismo se deriva de la libertad de consumo y se presenta como la libertad corresponde tan solo una etapa del proceso de liberación. Si nos centramos en él, truncamos el proceso.

La liberación en el plano personal y en el plano social

El problema es que este estado de libertad (materialista) restringe la libertad de los demás (tiene libertad quien tiene dinero a costa de quien carece de él). De aquí que no podamos pensar que dicha libertad sea una condición democrática de la igualdad. La liberación del estado en que nos encontramos (la desigualdad en la democracia capitalista) implica, en el plano personal (egoísmo), un trabajo de definición, y, en el plano social, la instauración de la ley.

El plano personal

En el plano personal, dicha liberación consiste en entender al otro como semejante. Si no se logra ver al otro como igual, como digno de uno mismo, resulta imposible valorar sus demandas en la esfera pública. Por otro lado, sin el otro no se puede crear un grupo, conformación necesaria de toda representación política.

El plano social

En un sentido participativo, la liberación del concepto de libertad es la democracia directa. Es decir, crear y tener acceso al derecho (a la creación de la ley económica, la ley política, etc.). La creación de acceso a la legislación y una propuesta concreta es lo que representaría la redención de la democracia y la salida del capitalismo.
Pero, ¿cómo es esa propuesta concreta, esa nueva forma económica que incida en los modos de producción capitalistas? Todavía no tenemos acceso para modificar las leyes, pero desde ahora hay que reflexionar sobre cómo puede ser esta nueva modalidad de la economía (del dinero).

El circuito económico

Mercado financiero y economía real

Hay dos conceptos de reciente aparición:
  • el mercado financiero: aquel que define el comercio y depende de la especulación
  • la economía real: el consumo, la producción, la circulación
Pareciera que en el capitalismo todo es lo mismo y la reflexión consistiría en diferenciar un concepto del otro.

El dinero no es un valor comercial

Hemos observado ya que la economía real está siendo constantemente afectada por el mercado financiero; sin embargo, la diferencia entre dinero y economía aún no está clara. De acuerdo con el mercado de finanzas, el dinero es un valor comercial porque se especula con él.
¿Qué es un valor comercial? ¿Es realmente el dinero un valor comercial? En el capitalismo pensamos que sí lo es, y mientras pensemos el dinero como un valor comercial, no podremos pensar el sistema financiero de otra forma.

Descripción del circuito de producción y consumo

La producción

La producción inicia con la inversión y la concentración de diversas capacidades humanas; éste es el primer valor comercial. Se trata de un acto de creación, puesto que consiste en darle forma a algo. Echar a andar este proceso supone la demanda del producto.
Es importante diferenciar el ámbito del consumo del de la producción, porque el ego funciona en uno y en otro de manera muy distinta.
En el ámbito de la producción –que es fragmentada y depende de la división de trabajo– es necesario tener un concepto de cooperación mucho más elaborado que en el del consumo, pues implica una coordinación (presupone la necesidad del otro) y un objetivo común (la producción).
No hay cabida aquí para el concepto de libertad ni tampoco para el concepto de ego. El ego obstaculiza la producción. Lo que hay en este ámbito es una jerarquía (impuesta) que tiene a la producción por objetivo.

El consumo

El del consumo es un ámbito no negociado cuyo principio es el ego. Es donde velo por mi manutención, donde son satisfechas mis necesidades de supervivencia.
Ni la libertad ni el ego –tengo que elegir lo que necesito para mi subsistencia–, que son propios de este ámbito, pueden trasladarse al ámbito de la producción, pues allá nada tienen que hacer, sólo entorpecen los procesos.

Propiedad privada y producción

En el sistema capitalista, se sitúa un superego por encima de las capacidades humanas y del proceso de producción y de consumo: se trata del propietario, el inversionista, el accionista (shareholder).
Cabe aquí preguntar a qué ámbito corresponde la propiedad privada. La respuesta es al ámbito del ego-consumo (la necesidad de mi manutención, mi propiedad). Surgen problemas cuando la propiedad privada se traslada al ámbito de la producción mediante la inversión (las acciones). Aun cuando el fin de la empresa sea producir propiedad privada, ella misma no puede ser tal: desde un punto de vista social (hermandad), la empresa como propiedad privada no hace aporte alguno. Acumula dinero que no tiene función social: no echa a andar nuevos procesos de producción, no soluciona la manutención de los sujetos ni se relaciona con la demanda que incita a la producción.

Propiedad privada y responsabilidad

La responsabilidad que en la Edad Media era propia del rey y de la iglesia se ha trasladado a la propiedad privada. Si bien se preservan socialmente responsabilidades, como la familiar-social –sobre la infancia, por ejemplo–, el hecho es que, a grandes rasgos, el concepto de responsabilidad se ha modificado y se ha centrado en la propiedad privada.
Mientras la responsabilidad se encuentre sólo en el ámbito de la propiedad privada, nada puede cambiarse. Y lo cierto es que aún no tenemos un concepto de responsabilidad desligado de la propiedad privada. Esta incapacidad para el cambio tiene que ver con la conciencia.

Ubicación del arte en el lugar de la propiedad privada

Hace falta, así, una modificación de la conciencia, una nueva forma de imaginar la responsabilidad, desligada de la idea de propiedad privada y trasladada al ámbito de la producción. Y es aquí donde se reconectaría con el arte. En la praxis del arte, el artista enfoca la coherencia (formal) en el objeto; estudia la lógica interna de las cosas y la manera en que se relacionan entre sí. El artista no trabaja ni para él mismo ni para los demás; trabaja para lograr la coherencia formal de su idea. La creación no tiene que ver con la propiedad privada.
Por eso pienso que debemos sustituir el concepto de propiedad privada por el de arte, e indagar a profundidad la coherencia de la producción y su responsabilidad (social). Para ello, necesitamos nuevas ideas, un nuevo concepto que no esté aferrado a la propiedad privada.
El circuito de la economía está conformado por:
  • la creatividad, como primer valor económico
  • la producción, como segundo valor económico
  • el consumo de dichos valores
Puesto que el circuito de la economía puede explicarse sin mencionar el dinero, podemos deducir que este último no es un valor comercial. La producción y el consumo se relacionan a través del primer valor económico (la creatividad, las aptitudes) y el segundo (el producto).
Tenemos dos espacios:
  • el del consumo, donde se ubica la individualidad, la manutención, la libertad de consumo, la propiedad privada y el “ego”
  • el de la producción, donde se ubica la cooperación, la concentración sobre un objetivo, la solidaridad y el “alter” (que en latín significa la relación con el otro, pero también con la cosa)
El empresario no solía tener una fijación exclusivamente con el dinero; sentía placer ante el funcionamiento de la cosa en sí. Con el tiempo, se ha ido consolidando el personaje del empresario con una característica fijación en la propiedad privada. Las actuales sociedades anónimas representan la cúspide de la privatización de la producción.

Perversión del sistema de producción

Las convenciones establecidas fortalecen la idea de la empresa como propiedad privada y pasamos por alto que esta modalidad pervierte el proceso de producción. Es esta perversión lo que está causando los estragos por todos conocidos: salarios bajos, falta de prestaciones y seguridad entre los empleados, contratos temporales, outsourcing, etc., es decir, condiciones laborales que, en los casos extremos, son infrahumanas.

La responsabilidad del arte en la producción

Tal perversión ha sido posible porque no se ha desarrollado un concepto de responsabilidad que tome el lugar de la responsabilidad divina (Adam Smith: “Dios se ocupará de orquestar una sociedad, conformada por individuos que velan por sí mismos”). Seguimos delegando esa responsabilidad que antes era responsabilidad de Dios: Dios se ocuparía de crear igualdad y hermandad en la sociedad. La plástica social propone que el arte asuma esta responsabilidad.
El artista trabaja hasta que el objeto adquiere una coherencia en sí mismo. No para él ni tampoco para alguien en el mundo, sino por la propia pieza artística (no lo piensas para ti ni para alguien allá afuera). La pieza artística exige ser trabajada hasta ser coherente. Si no adquiere coherencia, es porque el artista está interfiriendo y debe hacerse a un lado hasta que la pieza funcione. Este ejercicio, el de la creación, no tiene que ver con la propiedad privada. El mercado no interviene sino hasta que la pieza artística se vuelve mercancía. Antes no tiene nada que ver con la comercialización. El mercado no tiene nada que ver con el proceso de creación-producción.
El objetivo de la producción no es maximizar las ganancias sino satisfacer las necesidades de toda la gente (no nadamás las de unos cuantos). La maximización de las ganancias tiene sentido solamente para el consumidor (obtener el mayor partido de lo que se compra). Con este desplazamiento, la maximización de las ganancias adquiere lógica y resulta inofensiva.

El modelo es anterior al activismo

Mientras no aclaremos estos conceptos, no tendremos argumentos en contra del capitalismo. Podremos salir a las calles y protestar cuanto queramos, pero hasta no trabajar en la responsabilidad desde la coherencia de lo artístico, hasta ese momento, el activismo no tiene caso. En el plano de las sensaciones percibimos que hay algo que no está funcionando, pero debemos reflexionar hasta tenerlo claro; debemos buscar esta claridad desde la reflexión.

La forma actual de consumir es consecuencia de un circuito económico fallido

El interés por las drogas es lógico ante la frustración que provoca la actual forma de consumo. Tenemos, por un lado, la ubicación del concepto de propiedad privada que provoca una situación laboral injusta y la devaluación de las capacidades humanas; y por el otro, la idea del consumo como la máxima libertad a la que se puede aspirar en la vida.

El dinero

Factores clave en la circulación del dinero
Consideremos dos factores clave respecto a la circulación del dinero:
  • el capital no es el dinero, el capital es el arte, es la creatividad (la capacidad humana):capital=arte=creatividad
  • los dos momentos en que aparece el dinero son:
  • cuando se echa a andar un proceso de producción (crédito)
  • cuando el crédito ha de pagarse

La relación entre el proceso creativo, el proceso de producción y el dinero

Ni el proceso de producción ni el proceso creativo o las necesidades del consumidor tienen que ver con el dinero. El dinero sólo inicia el proceso de producción. En cuanto a la acción “Coyote” de Beuys, el dinero es importante en el momento en que el proceso de producción se echa a andar operativamente, pero no tiene que ver con el proceso creativo de Beuys. Podríamos imaginar, inclusive, que el dinero habría podido sustituirse si Beuys hubiese hecho todo él mismo (ir al desierto, buscar un coyote y llevárselo en una carretilla a NY). Sin embargo, el dinero entra en juego cuando la producción es fragmentada, y actualmente todos –o casi todos– los procesos de producción son fragmentados.
El dinero aparece por primera vez como un crédito, como principio, como un impulso que echa a andar un proceso y ha de regresarse a la instancia que lo haya prestado (Beuys lo imagina como un banco democrático de préstamos).

Proceso de producción y naturaleza

Al hablar, hacemos plástica. Tanto en el proceso de producción como en la economía necesitamos a la naturaleza: el aire que inhalo, que paso por la laringe, al que doy forma en la boca para luego externarlo (no lo escupo ni lo exhalo) en la formación de una palabra. En un animal, el proceso no pasa por la conciencia, la formación de la palabra no está presente.
Tanto el circuito de la producción como el del consumo están vinculados a la naturaleza: el primero porque se sirve de los materiales de la naturaleza; el segundo por los productos que están ahí para mantener la vida.

Circulación del dinero: el crédito

El dinero pertenece al espacio de lo social, no a la naturaleza. Es una forma específica de comunicación. Es un contrato externo proveniente de la sociedad o de la iniciativa privada. Esto es lo que llamamos “crédito”.
Para poder echar a andar un proceso creativo, la gente necesita tiempo y libertad. No puede sostenerse a sí misma y, a la vez, echar a andar un proceso. La primera cantidad de dinero que se recibe de una entidad externa (banco) representa la seguridad para que quien empieza a trabajar pueda invertir su tiempo en la producción. En otras palabras, ese dinero se transforma en sueldos. La primera modificación del crédito es que se convierte en sueldos.
No es que el dinero pague el trabajo. El dinero es la condición para que el sujeto pueda empezar a trabajar; de otro modo tendría que producir él mismo su comida. Este dinero pasa directamente al trabajador, y de él, a la esfera del consumo. No se queda en la empresa.
Puesto que el crédito compromete a su devolución en cuanto el producto está terminado, el dinero tiene que regresar al lugar del que provino. Así, la empresa no tiene nada que ver con el dinero. Habría que imaginar el lugar del que el dinero sale y al que regresa como un banco democrático de créditos, como el corazón que puede bombear sangre y al que la sangre regresa.

Dinero arterial

Llamamos dinero arterial al que entra a la empresa para impulsar la creatividad de la producción, y la apoya hasta que el producto queda terminado.
El dinero acompaña, así, el primer valor económico al ser inyectado para echar a andar las capacidades humanas de producción. Acompaña el proceso como sueldo de los trabajadores hasta que el producto (el segundo valor económico) queda terminado.

Dinero venoso

El dinero de la venta del producto es dinero “venoso”, sin valor, que no produce nada y tiene que ser regresado al banco que concedió el préstamo. El dinero que se recupera con la venta del producto carece de sentido porque no acompaña ningún valor económico. Acompañó a las capacidades y al producto, y después de eso no hay nada más qué hacer que regresarlo como pago del crédito.
Cabe mencionar que al hablar de empresas no aludimos nada más a las proveedoras de productos, sino también a las proveedoras de servicios y a las instituciones educativas.

La ubicación del dinero en los ámbitos de la naturaleza, la sociedad y la hermandad

El dinero corresponde al ámbito de la sociedad (es un acuerdo; no proviene de la naturaleza) y, por lo tanto, al de la igualdad, al de la ley. Por ejemplo, el acuerdo de recibir un crédito o un sueldo por trabajar en la producción de algo, o bien el acuerdo de consumir, son acuerdos legales de pagar por un servicio o un producto.
El capitalismo, tal como lo vivimos ahora, ubica el dinero en el ámbito de la naturaleza, del caos (donde no hay ley). En la economía, la tarea pendiente está en pasarlo al plano de la hermandad (la modificación de la producción y, por ende, de las condiciones laborales) y de la igualdad, de la ley, para garantizar que todos puedan consumir lo que se produce. Esa es la garantía que convertiría a la democracia en tal, ya que por ahora, tal como el dinero la que opera, es un elemento destructor de la sociedad. Sin este desplazamiento, la democracia es impensable.

El modelo de la plástica social como propuesta para salir del capitalismo

Beuys elaboró, junto con Wilhelm Schmundt, la teoría del dinero y la tripartición vertical. Se trata del concepto arriba explicado, según el cual es necesario desplazar el dinero del ámbito de la naturaleza al de la igualdad-ley como proceso de democratización. Esto no es posible sin un proceso de concientización.
Reflexionar en esta dirección ha sido para mí una forma de imaginar una salida del capitalismo; una forma de no claudicar frente a los poderosos del estado y del capital que nos dicen que “¡bueno, por desgracia no hay otra manera de funcionar!” Por supuesto que tengo muchas dudas, pero esto me ha dado luz y me parece que trabajar en esta dirección tiene sentido. Es una alternativa concreta que podemos discutir con quienes consideran que no hay salida del capitalismo. Si no tenemos nada concreto que proponerles, por supuesto que volvemos a perder.
Debemos fortalecer nuestra conciencia de nosotros mismos para empezar a cuestionarnos, para esclarecer aquello que aún no está claro, para liberarnos de todo cuanto arrastramos del pasado, que impide la reflexión. De entrada, la comprensión del modelo antepone incluso una modificación de la conciencia. Creo que esta reflexión podría echar a andar una gran creatividad, ya que se trata de hacer a cada sujeto consciente de la posibilidad de una alternativa. Esto es a lo que Beuys se refiere cuando dice “Cada sujeto es un artista”.
Esto es una explicación esquemática del modelo. A partir de aquí empieza el trabajo de todos los que estén interesados en él. Es cuestión de experimentar modelos, de reflexionar y actuar.
Traducción del alemán: Mónica Castillo*
Corrección de estilo: Ana Block
*Beneficiara del Programa Sistema Nacional de Creadores de Arte, 2011, del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes